La industria del mango en Nayarit, pilar fundamental de la economía estatal y líder en exportación, enfrenta uno de sus desafíos más severos debido a las anomalías climáticas del periodo 2025-2026. Un invierno con temperaturas inusualmente altas ha frenado el proceso natural de inducción floral, dejando a la mayoría de las huertas con producciones mínimas.
El fenómeno del estrés térmico bloqueado
De acuerdo con el académico Mario Alberto Ortiz Jiménez, el mango requiere de «estrés térmico» (noches frías durante otoño e invierno) para florecer. Este ciclo fue interrumpido por un ambiente cálido y lluvias fuera de temporada, manteniendo a los árboles en una fase vegetativa que bloqueó la aparición de inflorescencias.
Las consecuencias son drásticas para las variedades de exportación:
- Haden, Tommy, Kent y Keitt: Registran niveles de floración de apenas entre el 5% y el 20%.
- Mango Ataulfo: Se posiciona como la excepción con un 40% a 50% de floración, demostrando una resiliencia superior ante el calentamiento regional.
Impacto en la cadena de valor
Nayarit es el motor de empresas procesadoras como Frutálica, suministrando más de la mitad del fruto que se envía a mercados exigentes como Japón y Canadá. Una caída en la producción no solo afecta al dueño de la huerta, sino que genera un efecto dominó que golpea el empleo de los jornaleros, el transporte y la competitividad internacional del estado.
¿Hacia una reconversión del cultivo?
Este patrón climático, asociado directamente al calentamiento global, plantea una disyuntiva para los productores locales. Los expertos sugieren dos caminos:
- Migrar hacia variedades más tolerantes al calor invernal (como el Ataulfo).
- Rediseñar los sistemas productivos mediante biotecnología o manejos agrícolas adaptados a la nueva realidad climática.
El 2026 marca un punto de inflexión para una industria que debe evolucionar para sobrevivir.





