En el corazón de la capital nayarita, específicamente en la intersección de la Calle Durango y la calle Morelos, se erige una estructura colonial que resguarda más de siglo y medio de historia local e internacional. Inscrito en el catálogo especial de monumentos coloniales, artísticos e históricos del Sistema de Información Cultural de la Secretaría de Cultura, el emblemático edificio de la antigua oficina de Correos de México en Tepic se encuentra hoy sumido en el desuso y el deterioro crónico.
Tras el cambio de domicilio de la dependencia federal a unas nuevas instalaciones en la capital, el inmueble quedó completamente desocupado. Hoy en día, en este mes de julio de 2026, reportes de vecinos y transeúntes denuncian las alarmantes condiciones de abandono en las que se halla esta joya arquitectónica que, pese a pertenecer al Gobierno Federal, carece de la atención oficial que su estatus patrimonial exige.
La cuna de una fundadora internacional: Sor Mariana Allsop
Detrás de sus desgastadas paredes se esconde un legado histórico invaluable. En esta emblemática casa nació el 24 de noviembre de 1854 Mariana Allsop González Manrique (bautizada originalmente como María Ana Rita), hija de Juan Francisco Allsop y Mariana González Manrique. Su padre fue una figura de gran relevancia para el Nayarit del siglo XIX, llegando a ser nombrado Cónsul Inglés en Tepic en el año de 1857.
Tras la sensible pérdida de su madre, Mariana y sus hermanos abandonaron Tepic en mayo de 1864 rumbo a Madrid, España, para continuar sus estudios bajo el cuidado de familiares. Mariana jamás regresó a México; en su lugar, abrazó la vida monástica y el 2 de febrero de 1885 fundó la reconocida congregación religiosa de las Hermanas Trinitarias.
Impacto mundial: Aquella niña que dio sus primeros pasos en las calles de Tepic dejó una huella imborrable en el mundo. Actualmente, la congregación que fundó mantiene 26 casas de asistencia distribuidas en Europa y América, las cuales operan como albergues dedicados a educar y brindar segundas oportunidades a jóvenes en situaciones vulnerables y de exclusión social.
Una joya colonial que debe ser rescatada
La propiedad, que perteneció a la familia Allsop hasta 1890, pasó posteriormente a manos de la familia Arias y luego a la dinastía Valdés, antes de convertirse formalmente en la sede de las oficinas postales de Tepic.
Al haberse suspendido las operaciones del servicio postal en dicho lugar, el edificio entró en una etapa de olvido institucional. Los habitantes de la zona centro de Tepic insisten en que permitir el colapso o la ruina de este inmueble no solo representa un peligro físico por la falta de mantenimiento, sino que significa borrar de golpe una de las páginas históricas más ricas y entrañables de nuestra ciudad. El llamado es directo a las autoridades: es urgente intervenir para restaurar, proteger y dar un nuevo uso digno a este monumento histórico.





