Hoy fue una joven pareja. Asaltada a mano armada en Bucerías, despojada de aproximadamente 100 mil pesos afuera de Elektra, a plena luz del día y en una zona comercial donde la presencia de autoridad debería ser garantía, no excepción. No lo fue. Y ese es el verdadero problema.
No se trata de un hecho aislado, sino de un patrón que se repite. Hace poco, un pastelero fue víctima del robo de sus cascos. Hoy fue esta pareja. Distintos montos, misma constante: la vulnerabilidad cotidiana de quienes trabajan, emprenden o simplemente transitan en el municipio.
Cuando el delito ocurre frente a comercios, oficinas públicas y flujo constante de personas, lo que queda en evidencia no es solo la audacia criminal, sino la ausencia de estrategia. La seguridad pública, que es la función esencial de cualquier gobierno, ha sido desplazada por otras prioridades.
Bahía de Banderas atraviesa un momento particularmente delicado: un gobierno suplente que opera más como extensión política del presidente con licencia que como autoridad con autonomía y responsabilidad. Mientras la energía institucional se concentra en la lógica electoral, la seguridad preventiva —la única que realmente reduce el delito— sigue sin existir como política pública clara.
El resultado es un municipio donde la ciudadanía aprende a cuidarse sola, porque la autoridad no llega, no previene y no disuade.
Esto no se corregirá con discursos ni con operativos reactivos. Se requiere una nueva administración que coloque la seguridad en el centro, que construya un plan serio con participación de sociedad civil, sectores productivos y comunidades.
Porque gobernar no es hacer campaña. Gobernar es evitar que mañana vuelva a ser noticia otra víctima más.



